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domingo, 11 de febrero de 2018

La brecha entre la política y la ciudadanía creada por el régimen de partidos hay que cerrarla.

El sistema de partidos ha producido una brecha insalvable entre el estado (los gobernantes) y la nación (los gobernados) que es necesario hacer desaparecer para que efectivamente el poder resida en el pueblo y los políticos dejen de estar en un universo paralelo y extractivo.

Una razón de la brecha está en que solo hay contacto indirecto entre la política y los ciudadanos: en las elecciones en donde el contacto se da en medio de campañas de MKT de los partidos, bombardeo de la publicidad y mítines en las plazas de toros donde  actúan los líderes nacionales de los partidos. Entre elecciones a través de las encuestas de opinión y de intención de voto.

El efecto de la brecha es desde luego el alejamiento de la política por parte de los votantes ya que ante cualquier problema que tienen no encuentran a quien acudir que efectivamente les atienda y solucione. Y los problemas son todos graves: desempleo, abusos de las administraciones,  falta de atención a la dependencia, listas de espera de la seguridad social, pobreza energética, justicia lenta etc...

En cada problema el ciudadano se encuentra solo e indefenso frente al estado; y no encuentra respuesta de los partidos porque éstos están ocupados en sus luchas partidarias; así el ciudadano busca respuesta en asociaciones de otros afectados por los abusos del estado, o recoge firmas de otros afectados  y junto con ellos va a la prensa; y hacen “llamamientos” a los partidos para ver si  alguno de ellos recoja sus reclamaciones y tiene a bien llevar sus quejas al gobierno. Lo que no ocurre a menos que estos otros partidos vean rentabilidad de votos en esa lucha.

En cada ocasión el ciudadano se encuentra frente al estado como D. Quijote frente a los molinos. Parecería que esto es la democracia, pero no es verdad; es una de tantas inexactitudes intencionadas del régimen de partidos.

El sistema de partidos no es democracia, la llaman democracia y no lo es; es una democracia de baja calidad en donde se vota con listas de partido, que se llamaría en todo caso democracia de partidos y que resulta efectivamente en una oligarquía de partidos. Es el régimen del 78 y en él el poder lo detentan los partidos, no el pueblo.

Aunque es un paso adelante respecto a la democracia orgánica de partido único que hubo en España antes del 78, sigue sin ser una democracia, más allá de que ahora en lugar de un solo partido haya varios: nacionales, regionales, nuevos, viejos; y eso a pesar de que está homologada por la Unión Europea y se han otorgado a la gente una serie de libertades: reunión, expresión, prensa etc. que no había en la “democracia orgánica” de Franco.

En la democracia verdadera los votantes (los gobernados) eligen a sus representantes directamente (poder legislativo), sin listas de ninguna clase: ni abiertas ni cerradas; en circunscripciones uninominales donde viven  unas 100.000 personas; a una o dos vueltas, por mayoría. Y eligen al presidente del gobierno directamente (poder ejecutivo) en circunscripción única a una o dos vueltas en una fecha diferente, por mayoría.

Y esta forma de elección separada asegura la separación de poderes entre el legislativo y el ejecutivo y que el gobierno sea un gobierno fuerte. Y la separación de poderes hace que el poder legislativo vigile al poder ejecutivo y evite que abuse de su poder y perjudique a los ciudadanos; y de esa manera se establezca un juego de poder contrapoder que asegura el equilibrio entre un gobierno fuerte y un congreso también fuerte de manera que una ambición controle a la otra y permita a los ciudadanos vivir una vida tranquila mientas una ambición controla a otra ambición.

Y en este sistema los diputados de los distritos trabajan en el parlamento durante la semana y los fines de semana están a la disposición de los votantes de sus respectivos distritos, le hayan votado o no, siendo representante de todos y defendiendo los intereses de todos y cada uno de los habitantes de su distrito.

Y en democracia los votantes de una circunscripción tienen poder revocatorio sobre su diputado para deponerle si no cumple con lo prometido durante la campaña electoral. La cual campaña electoral es una campaña que se desarrolla en la circunscripción y es de tipo intimista donde el candidato se presenta personalmente en las en las asociaciones de vecinos del barrio y no hay campañas de marketing que cuestan mucho dinero ni son fruto de las empresas de marketing que las diseñan para que los políticos digan a las gentes lo que quieren oír sin importarles si pueden o no cumplir las promesas.

Y en el sistema democrático la persona con problemas de falta de atención por el estado se encuentra acompañada por su diputado en los temas que le preocupan: desempleo, abusos de las administraciones,  falta de atención a la dependencia, listas de espera de la seguridad social, pobreza energética, justicia lenta, grandes accidentes etc. al contrario de lo que pasa en el sistema de partidos porque ha desaparecido la brecha que le separa de su diputado, y a través de él tiene una buena comunicación y control democrático sobre la cosa pública.

El sistema democrático proporciona a votante  una persona de confianza que le mantiene informado de todo lo que pasa en la cosa pública, muy al contrario de lo que pasa en el sistema de partidos que no le proporciona nadie de confianza. En resumen la democracia permite que las leyes las hagan en el Congreso  los representantes de los que las tienen que cumplir y éstos sean independientes del gobierno que las tiene que hacer cumplir. En Democracia la nación legisla y el estado ejecuta. 

Amigo lector, que nadie te confunda: por mucho que todos los partidos y los medios nos machaquen con que el régimen del 78 es democracia, sepamos que no es cierto y que no nos engañen mas. Cuantos más seamos los que lo sepamos, mejor.

Si te gusta la idea comparte la petición de firmas que te adjunto para conseguir diputados de distrito, o promociónala entre tus amigos.

Que sepas que todas las ideas que has visto en el escrito proceden de D. Antonio G.Trevijano y de su organización MCRC y que necesita muchos colaboradores para difundir y hacer triunfar el sistema, así que te invito a hacer como yo: entra en su página web y si te gusta lo que ves asóciate al MCRC. 

¡Ah¡ y gracias por tu tiempo.


A. Mendoza

martes, 16 de enero de 2018

El problema es que en el Régimen del 78 no hay separación de poderes

Para la gestión correcta de lo público se requiere que haya un juego de poder entre el Estado o poder ejecutivo y la Nación o poder legislativo, donde en el Estado se sitúan los gobernantes (el gobierno, los partidos, los diputados, las administraciones etc.) y en la nación los gobernados (los trabajadores, los empresarios, los autónomos, las amas de casa, los maestros, los alumnos, los que pagan los impuestos...)


Cuando hay separación de poderes se produce el juego de poder contra-poder y se equilibran las ambiciones de los dos poderes. En cambio, cuando no hay separación de poderes el estado abusa de la nación y la corrupción pasa a ser parte del sistema.

En España no hay separación de poderes porque la nación, es decir los gobernados, no eligen directamente ni a sus representantes en el poder legislativo ni al presidente del gobierno en el poder ejecutivo.

Cuando no hay separación de poderes las leyes las hace el estado: directamente el gobierno con decretos ley, o indirectamente con sus representantes a los que tiene sometidos por la disciplina de partido; o mediante pactos con otros partidos y apoyo parlamentario de sus diputados y los trapicheos necesarios.

Cuando no hay separación de poderes la nación está indefensa frente a los abusos del poder del Estado y tiene que defenderse por medio comos: asociaciones de defensa de afectados por las hipotecas, asociaciones de afectados por grandes accidentes como los del metro, o del Alvia de Santiago, o los afectados por el terrorismo, o los grandes discapacitados, leyes de dependencia  etc.

 Cuando no hay separación de poderes no tiene importancia que los ciudadanos sepan a través de medios de comunicación los desmanes del Estado: administraciones mastodónticas con innumerables capas de estómagos agradecidos y puestos de funcionarios con funciones superfluas o duplicadas o triplicadas, corrupción, desfalcos, amiguismos, enchufismo etc.: no pasa nada mientras los políticos culpables tengan la confianza de los partidos, nadie dimite y todo sigue igual.

Cuando no hay separación de poderes no es suficiente el llamamiento a los políticos para que cesen los desmanes del estad, ni es suficiente la posibilidad de la denuncia de los hechos a una justicia siempre lenta por definición y en donde también está en cuestión la independencia del poder judicial y existen aforamientos de políticos.

Cuando no hay separación de poderes la Nación debe tomar conciencia y actuar pacíficamente para eliminar el régimen del 78 denunciando sus grandes carencias democráticas,  y sustituirlo por el régimen democrático basado en la libertad política colectiva que nos enseña D. Antonio Garcia Trevijano y su MCRC.

Si te parece correcto o deseable lo que te comento apoya la petición de firmas Changeque te adjunto compartiéndola con tus amigos, y aun mejor: entra en la páginadel MCRC mira su propuesta y en su caso haz como yo y afíliate. 

Cuantos más seamos mejor.


¡Ah! y gracias por tu tiempo.

domingo, 24 de diciembre de 2017

La cuestión catalana: su solución por los Diputados de Distrito y la propuesta de Trevijano.

La cuestión catalana es una consecuencia del Régimen del 78 del cual son parte los partidos nacionales y los nacionalistas. El gobierno catalán, sucursal del Régimen en Cataluña   ha favorecido y promocionado odio a lo español utilizando indebidamente competencias cedidas por el estado y gastando recursos económicos en medios de comunicación en campañas como “España nos roba” o exageraciones interesadas de humillaciones y violencias.

Por su parte el gobierno central, titular principal del Régimen, apoyado ocasionalmente por esos mismos partidos nacionalistas, ha contribuido grandemente con sus acciones u omisiones, a aumentar  en Cataluña el sentimiento nacionalista catalán, residual inicialmente, hasta llegar a afectar a casi la mitad de la población; y lo ha hecho concediendo indebidamente competencias y dejación de funciones, a cambio de votos durante años.

La solución a la cuestión catalana requiere un cambio de régimen, y no pasa por el advenimiento de una “republica” también de partidos, sostenida por un sistema electoral de listas con hasta 85 nombres, y con el mismo nivel de corrupción, clientelismo y enchufismo que el régimen español. Una republica que no será reconocida por  Europa ni por ningún país importante a nivel mundial; que hará sufrir a Cataluña efectos que ya se han empezado a notar durante la DUI del final de 2017,  y que dejará a España desgarrada y expuesta también a toda clase de empobrecimiento progresivo.

Mantener la unidad de España es una obligación histórica que la nación española, Cataluña incluida, tiene con sus antepasados y sus descendientes; y es vital para Cataluña y para el resto de España que la unidad de España se conserve para mantener la importancia de la nación en el concierto internacional; por lo cual destruir la unidad no puede ser parte de la solución de la cuestión catalana: ni para Cataluña ni para el resto de España.

 La solución a la cuestión catalana pasa por la desaparición del régimen de partidos del 78 en España, con Cataluña incluida, y su sustitución por “un sistema de gobierno que cumpla las dos principales reglas de juego de la democracia formal: la representación ciudadana y la separación de los poderes. Esto conlleva la elección directa de diputados de distrito mediante el sistema mayoritario uninominal (poder legislativo), la elección directa del presidente de Gobierno (poder ejecutivo) y la elección del gobierno de los jueces por parte del mundo judicial (Consejo de Justicia).” [1]

La solución a la cuestión catalana pasa por el control de los desmanes del poder ejecutivo por el poder legislativo, porque un poder solo puede ser controlado por otro poder. De ahí la importancia de la separación de poderes en origen. Las leyes han de ser redactadas por los representantes de los que las tienen que cumplir; y esos representantes son los diputados de distrito, y éstos han de ser controlados a su vez por los ciudadanos de sus respectivos distritos electorales. [2] (https://www.youtube.com/watch?v=6rnpouOHcX4)

La separación de poderes propuesta por el MCRC impide que el ejecutivo sea el único que pueda promover y promulgar leyes, y pasa esta facultad a la asamblea legislativa; y de esta manera quita la posibilidad que tiene el régimen actual de hacer aprobar leyes en el Congreso por sus propios representantes elegidos en sus listas, o mediante negociaciones partidarias extraparlamentarias con los líderes de la oposición, incluidos los nacionalistas,  porque se sabe que esos apoyos son o pueden ser fruto de negociaciones inconfesables, trapicheos de  votos, y base de la corrupción sistémica del régimen.

La solución a la cuestión catalana pasa, en fin, por la puesta en marcha de un periodo constituyente  que permita eliminar pacíficamente el régimen de partidos del 78 y sustituirlo por uno verdaderamente democrático, basado en la libertad colectiva como promueve el MCRC (Movimiento de Ciudadanos hacia la Republica Constitucional) fundado por D. A. Garcia Trevijano. Más información sobre el MCRC en: https://mcrc.es/

Si te parece correcto o deseable lo que te comento apoya la petición compartiéndola con tus amigos, y aun mejor: entra en la página del MCRC mira su propuesta y en su caso haz como yo y afíliate. Cuantos más seamos mejor.

¡Ah! y gracias por tu tiempo.



[1] De los objetivos del MCRC (Movimiento de Ciudadanos hacia la Republica Constituyente)
[2] Ver VDO de Jordi Evole sobre las funciones de los diputados de distrito en UK

viernes, 24 de noviembre de 2017

Trabajar para el siguiente y Diputados de Distrito

Quiero presentar a los amigos de Internet el concepto “trabajar para el siguiente”: una filosofía de trabajo y de vida fundada en que todas nuestras actuaciones están interrelacionadas, y que todas las acciones que como individuos realizamos, tienen influencia en otros.

Trabajar para el siguiente implica interés en él/ella y tenerle en consideración así como las consecuencias de nuestras obras, y hacerlas de manera de no producirle “hechos indeseados”; también rectificar cuando por ignorancia las hayamos producido.

Trabajar para el siguiente es particularmente importante en el campo de la política donde las acciones de los políticos afectan a tantos “siguiente”, y donde las leyes han de ser hechas para favorecer a todos los siguiente y no solo a unos pocos de ellos.

Trabajar para el siguiente se ha utilizado en empresas sensibilizadas por la responsabilidad social y sobre todo por la prevención de riesgos laborales; y se ha hecho con el liderazgo de la dirección obteniéndose resultados espectaculares en términos de ambiente laboral y de resultados económicos para la empresa y los trabajadores, lo que anima a explorar su aplicación en otros campos como en el campo de la política.

Trabajar para el siguiente puede ser implementado en el campo político igual que  en las empresas teniendo en cuenta un par de diferencias: una que la dirección de la cosa pública, es decir sus dueños somos la gente, o sea el pueblo, y otra: que los empleados es decir los  trabajadores, son los políticos.
Entonces, en la democracia de partidos actual en España ¿es en realidad el pueblo quien tiene el poder? Y ¿son realmente los políticos y los partidos en donde se encuentran los empleados de la gente? Muchos pensamos que por desgracia la respuesta es no.

El problema es que en el sistema político actual de listas electorales el poder no está en el pueblo, sino en los partidos que hacen las listas, y los diputados no son los empleados del pueblo, sino de los partidos que son quienes les pusieron en las listas y les controlan con la disciplina de partido, lo que ha llevado a una corrupción generalizada, descontento general, paro, indignación desigualdad y últimamente intentos de desmembración de la unidad territorial de España.

La solución pasa por desmontar el régimen de partidos y sustituirlo por una verdadera democracia; con diputados de distrito elegidos en distritos electorales uninominales pequeños, de tamaño barrio; elegidos por mayoría en una o dos vueltas; que bajo el control del distrito trabaje los días laborales en los parlamentos y en el fin de semana en el distrito atendiendo a sus votantes; que practique el concepto “trabajar para el siguiente” y que represente al distrito frente a los posibles desmanes del Gobierno de turno, y con la posibilidad de ser despedido por el distrito sino lo hace adecuadamente.

Diputados de distrito y trabajar para el siguiente son dos conceptos que van de la mano para beneficio del pueblo y base de una verdadera cultura democrática. Conocerlos es el primer paso para que la gente los reclame y se terminen imponiendo.

Si te ha gustado el tema compártelo con tus amigos y pídeles que firmen compartan o incluso promocionen  la petición, lo que mejor les venga, cuantos más seamos mejor.
Puedes tener más información sobre esto si me sigues en mi blog, y más ideas sobre qué hacer para tener diputados de distrito siguiendo a D. A, G. Trevijano y su MCRC (Movimiento Ciudadano para la República Constitucional), como yo hago.


Gracias.

domingo, 12 de noviembre de 2017

¿La crisis catalana es una oportunidad?



Los "indepes" catalanes pretenden sustituir el estado español  de partidos por un estado catalán de partidos desmembrando la nación española; están equivocados porque el problema es el estado de partidos, sea monárquico o republicano.

La solución para España y Cataluña es terminar con el estado de partidos y sustituirlo por un régimen democrático verdadero basado en la libertad política colectiva, que verdaderamente permita a sus  gentes elegir a sus representantes y a sus gobernantes directamente, por separado y asegurar la separación de poderes. Y ello en una España unida.

Si los "indepes" catalanes entendieran ésto y aplicaran su vigor admirable y sus energías a este fin, contarían con muchos del resto de los españoles para conseguirlo. Así la crisis catalana sería una oportunidad de mejora para todos.

PD la libertad política colectiva es un concepto de D. A. Gª Trevijano y su MCRC.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Los partidos nacionales y los nacionalistas son todos partes del régimen del 78

Los partidos nacionales y los nacionalistas son todos partes del régimen del 78 y diseñan la política en sus cavernas y la imponen a través de sus representantes en los parlamentos y la disciplina de partido.

Cada partido tiene su propia corrupción y cuando hay consenso entre ellos hay reparto de poder; y cuando no lo hay, como en la cuestión catalana, el dialogo es imposible y nos llevan al caos.

Si cada diputado de distrito (DdD) estuviera cada fin de semana en su barrio-circunscripción atendiendo a sus  votantes, la política estaría controlada por la gente, no por los partidos. En este tipo de régimen verdaderamente democrático el caos actual no existiría, sin embargo Los partidos no consentirán porque son órganos de poder del estado. O sí si la gente se lo exige con la suficiente fuerza.


Si te parece buena idea presionar de manera pacífica a los partidos para tener un sistema representativo basado en los diputados de distrito, comparte la idea con tus amigos e invítales a firmar la petición, cuantos más seamos mejor. 

viernes, 20 de octubre de 2017

España se parece a un barco en aguas turbulentas.

La situación de España se parece a la de un barco de pasajeros que navega por un mar en tormenta, y los pasajeros no están contentos con la manera en la que el capitán lleva el barco.

Y una parte de la oficialidad ha convencido a pasajeros que ellos tienen un barco cerca, y que ellos van a manejarlo mejor  que el capitán actual. 

Esta parte de pasaje está de acuerdo en dejar el barco sin considerar que los oficiales revoltosos han aprendido a llevar barcos en la misma escuela del capitán por lo que lo esperable es que lleven el barco igual de mal.

Los oficiales revoltosos mantienen lo contrario y se apoyan en medias verdades, exageraciones e incluso mentiras acerca de la existencia de ese barco cercano e incluso acerca de sus habilidades como tripulación.

Pasajeros con más experiencia y años contemplan la situación del barco y la propuesta de los revoltosos como un “dejá vue” en barcos en una situación similar y estiman que la solución mejor para todos es cambiar al capitán y sus métodos de navegación, eligiendo a otro y mediante un sistema de elección directa en el que todo el pasaje participe.

También piensan los mayores que todo el pasaje estará mejor manteniéndose juntos en el barco grande y con su tripulación completa. Y que no es justo para ellos, los más mayores,  que los pasajeros que desean dejar el barco, muchos de ellos jóvenes y vigorosos  y los oficiales revoltosos, les abandonen a su suerte con el mal capitán y sin la fuerza de la juventud necesaria para llevar a cabo los cambios necesarios.


Hay que confiar en que el pasaje llegue a una conclusión favorable para el bien de todos porque lo previsible es que la situación de aguas turbulentas en el océano que navega el barco, es y continuará siendo turbulenta por tiempo indefinido.